(¿Quién es Sam Winchester?): esos «pequeños detalles»

Bienaventurados aquellos que no se quedan sólo con lo que les lanzan a la cara. Las cosas hay que desgustarlas adecuadamente xD

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(¿Quién es Sam Winchester?): The Way, by Loki

Tenía guardado este para que fuera el primero de 2018. En realidad, es el primero de mi lista de vídeos sobre Sam y, aunque he visto muchos que valen la pena, ninguno ha podido desbancar a éste. Está tan bien hecho, cada frase tan bien encajada, cada imagen… Prestad atención. Es exactamente mi visión de Sam Winchester.

Un gran vídeo.

Cerrando el año…

Under a blood red sky
A crowd has gathered in black and white
Arms entwined, the chosen few

 

Nunca he sido de tener muchos amigos. Conocidos, sí, pero ¿amigos? Los puedo contar, a los dioses gracias, y no creo que eso vaya a cambiar a estas alturas.

Porque, en serio, ¿por qué se empeña la gente socializar? ¿Qué buscan —o qué encuentran— cuando quedan a tomar café o se van de compras juntos? xD Sí. Estoy en una de esas etapas. A veces pienso que entiendo el mundo por observación. Por imitación. Que apunto las normas por las que se rige para poder jugar alguna vez, cuando estoy de humor. Porque sus normas a menudo no son las mías, de modo que debo aprenderlas para entrar en esa especie de carrusel.

Pero el problema es que la mayor parte de las veces no quiero aprenderlas. El problema es que, en el fondo, prefiero las mías.

Menos mal que hay más cabezotas por el mundo xD. Gente a la que identificas como un igual con sólo cruzar un par de palabras. Nos reconocemos. Y puede que no siempre nos gusten las mismas cosas, pero nuestra forma de mirar el mundo se parece. Algunas vienen de antes y otras me las ha puesto en el camino 2017, pero a todas os digo que gracias por las risas, por las palabras, por el frikeo, por el wincesteo, por arrastrarme cuando me escondo, por collejearme cuando lo merezco. Sois la sal, sisters.

Gracias también por la fe que tenéis en mí. En serio. Es increíble.

No sé lo que traerá 2018, pero seguro que es mejor con gente como vosotras caminando a mi lado, apuntalando proyectos, opinando, iluminando.

Gracias a todos los que formáis parte y participáis en Wincest Infinito y en Wincest vs Destiel; sobre todo, gracias al fantabuloso equipo humano de administradoras y moderadoras que hay detrás por el esfuerzo, cariño y dedicación.

Gracias S, por traerme y creer.

Gracias H, por la confianza y por creer.

Gracias M, por estar ahí tanto tiempo y siempre.

Gracias V, por tus comentarios en Face y por… bueno, tus fics (siempre lo digo xD).

Gracias G por el desahogo en haters.

Gracias D, por tu visión de SW.

Esta canción, una de mis favoritas (si no LA favorita) de uno de mis grupos favoritos (si no EL favorito), que es decir mucho, va para vosotras.

Nos vemos en 2018 ❤

 

Whataya want from me?

 

Esto es lo que Marc nunca le dirá:

Hey, slow it down
Whataya want from me
Whataya want from me
Yeah, I’m afraid
Whataya want from me
Whataya want from me

There might have been a time
When I would give myself away
(Ooh) Once upon a time
I didn’t give a damn
But now here we are
So whataya want from me
Whataya want from me

Just don’t give up
I’m workin’ it out
Please don’t give in
I won’t let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around
Hey, whataya want from me
Whataya want from me
Whataya want from me

Yeah, it’s plain to see
That baby you’re beautiful
And there’s nothing wrong with you
It’s me, I’m a freak
But thanks for lovin’ me
Cause you’re doing it perfectly

There might have been a time
When I would let you slip away
I wouldn’t even try but I think
You could save my life

Just don’t give up
I’m workin’ it out
Please don’t give in
I won’t let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around
Hey, whataya want from me
Whataya want from me
Whataya want from me

Just don’t give up on me
I won’t let you down
No, I won’t let you down

So
Just don’t give up
I’m workin’ it out
Please don’t give in
I won’t let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around
Hey, whataya want from me

Just don’t give up
I’m workin’ it out
Please don’t give in
I won’t let you down
It messed me up, need a second to breathe
Just keep coming around
Hey, whataya want from me
(Whataya want from me)
Whataya want from me
Whataya want from me

 

(¿Quién es Sam Winchester?): Paralyzed, by Lucy’sHeart

Nunca he dicho que me fascina el personaje de Sam, ¿no? xD ¿NO? Bueno. Muchas veces tengo la intención, pero no el tiempo, de escribir metas sobre él. A veces quiero escribir un megameta con todas mis impresiones sobre él, pero me impone. Así que nunca lo he hecho, ni sé si algún día lo haré. He pensado que quizá sea más fácil ir recopilando cosas sueltas (incluso cosas que han hecho otr@s ya). Una especie de collage virtual y por entregas sobre quién es realmente Sam Winchester.

Empiezo con el fanvid Paralyzed, de Lucy’sHeart:

Más WIPC (¿qué queréis que haga? xD)

Would you like to hear my voice

Sprinkled with emotion

Invented at your birth?

(Oh, me. Nirvana)

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Llevaban once millas así. Y todo había comenzado por una discusión tonta.

—Me toca a mí.

Últimas horas de la tarde, una carretera solitaria y perdida al norte de Nevada, ribeteada por el bosque y dorada por el sol. Y un caso a menos de siete horas gracias a que habían decidido conducir toda la noche.

—Ni de coña, Sam —sentenció, apartando de un manotazo la mano de Sam del dial de la radio y volviendo a colocarlo en la emisora que estaban escuchando—. Conoces las reglas. El conductor elige la música y el…

—Basura —le cortó, revoloteando de nuevo sobre la radio.

Aquello generó una pequeña lucha, forcejeos, lo normal cuando se aburrían. Pujas verbales. «No eres capaz de escuchar nada que se haya parido más allá del año ochenta», «eso es porque la música que se ha hecho después es pura basura, Sam. Aprende». «Ni siquiera habías nacido cuando todas esas canciones sonaban en la radio, Dean», «qué tiene que ver eso. Mi gusto musical es impecable». «No. Es. Justo. ». Y el dial de nuevo en una emisora de mierda.

—Que no, Sam, joder. Que no paso. Que me duelen los oídos y se me revuelve la tripa. Que sólo hay dos formas en las que no me importaría escuchar esta mierda y una de ellas es muerto.

Dean tenía ideas muy sucias. Muy, muy… sucias. Sobre todo cuando se aburría.

—¿Y la otra?

Y Sam era incapaz de estar sin hacer nada. Literalmente incapaz. Empezaba a mover las manos, luego las piernas. Parloteaba o iniciaba luchas sinsentido por la supremacía de la música post década de los setenta. Si le lanzaba una pelota ahora, la recogería.

Aunque no pensaba que recogería ésta.

—Una mamada.

Seguía con la mirada fija en el asfalto pero notaba la de su hermano, clavada en él. Y había pensado que ahora vendría algún tipo de bufido y luego cualquier rollo de superioridad moral en mitad de cuya perorata, Dean cambiaría de nuevo la emisora sin que Sam prácticamente se percatara y así podría centrarse en la música e ignorarlo durante el siguiente buen rato.

Pero no. No había ocurrido así exactamente.

Ante el silencio y la quemazón de la penetrante mirada de Sam, Dean al final se había girado hacia él, intrigado. Sam entonces había alzado una ceja —y se había mordido el labio inferior, el capullo, conteniendo una sonrisa—.

—Doble premio para mí, Dean. —Dos segundos después lo tenía sobre su entrepierna.

Y, eso, así llevaban como doce millas ya.

Dean apretando una mano sobre el volante y la otra acariciando la piel de la espalda de Sam, mientras su boca subía y bajaba y lamía y succionaba su polla. Despacio y tranquilo a veces, intenso otras y sabía, joder, Sam notaba en su boca cuando Dean iba a correrse porque entonces aflojaba el ritmo y la succión, entonces le acariciaba suave, mojado, con menos lengua o menos presión, o Dean no sabía cómo, pero Sam… Sam lo había hecho durar durante doce jodidas millas ya.

Y, en serio, ¿a quién coño le importaba que en la radio de su Baby sonaran Deftones o Pearl Jam mientras tuviera la boca de su hermano sobre él? No era eso. No era que Dean no lo disfrutara. Conducir el Impala con las ventanillas bajadas, comiéndose el asfalto, los últimos rayos de sol de un apacible día de verano fuera y una tormenta de sexo en su regazo. Dean podría aguantar así, digamos… doce millas y media.

Trece como mucho.

Los nudillos de su mano izquierda estaban blancos sobre el volante, respiraba procurando regular el ritmo e intentaba por todos los medios mantener los ojos abiertos —más que nada, por no terminar estampados contra un árbol—. Sam lo estaba haciendo otra vez. Llevándolo al límite. Y Dean arrugó su camiseta en su puño, incapaz. Volantazo y frenazo en la grava del arcén, justo a tiempo de dejar caer la cabeza contra el volante, justo a tiempo de rendirse y correrse como nunca, los ojos y los dientes apretados, sin respirar, palpitando en la boca de Sam hasta que creyó que había alcanzado el nirvana.

Justo cuando Pennyroyal Tea sonaba por los altavoces bajo el rumor del motor del Impala.

Sam se separó de su erección —sí, su erección— con un pop y se relamió los labios. Miró hacia delante, a través del cristal, a la puesta de sol, con los ojos de todos los colores y el pelo sobre los ojos, revuelto por el aire. Dean inspiró hondo, porque, joder, cómo tenía tanta suerte.

—Debe de dolerte la boca —dijo en un tono que bailaba entre la risa y el sarcasmo, mientras se volvía a meter sus partes como podía en los vaqueros y se abrochaba la pretina.

—Cualquier cosa con tal de educar ese gusto musical de mierda que tienes. Gilipollas.

No pudo evitar que la comisura de su boca se alzara.

—Zorra. —Miró hacia el frente también y metió la marcha. Pero antes de arrancar—: ¿quieres que te devuelva el favor?

Sam sonrió descaradamente. Sin mirarle.

—Ya me lo cobraré.

Pisó el acelerador y volvió a la carretera. El sol ya no estaba, pero tenían toda la noche por delante para aburrirse antes de volver a jugarse sus vidas.

 

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Paridas de un jueves

 

Tengo esta canción en varias listas de reproducción y cada vez que la escucho me retrotrae a aquel final de capítulo de QaF en el que Jack, el padre de Brian, sostiene a Gus mientras Brian observa una foto de él cuando era un crío sentado en las rodillas de su padre [con el que ahora tiene una relación tensa]. Ese capítulo en el que Brian sale del armario ante su padre y descubre que a éste le queda poco tiempo de vida… y aun así, sigue «dando con el mazo». Y entonces Morrissey canta lo de “I am human and I need to be loved just like everybody else does”.

Y luego. Me acuerdo de esto:

 

 

Indefectible e ineludiblemente.

O sea, siempre.

Así funciono.

WIPC #?

Ese título tan raro que veis arriba no es otra cosa que el Wincest Infinito Porn Club, una especie de… rutina que intentamos instaurar una vez en el grupo de Face, y que funcionó a medias (en realidad era el Tuesday Morning Club Porn, pero ni siquiera yo posteaba los martes xD). Esto es una de las paridas que posteé una vez en ese contexto y he decidido traérmelo aquí para que no se me pierda por los suburbios de la red social.

Pues eso.

Ni título tiene xD

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—Vamos, quítate la camiseta y dámela. Es negra, Dean, y puede que las manchas no se vean, pero sé que la llevas puesta desde ayer por la mañana.

Dean mira a su hermano, maldita ama de casa, con la mano extendida y mirada exigente. Están en la habitación de lavar; ahora tienen una habitación de lavar, con su propia lavadora y secadora. Piensa en alzar el brazo y oler con disimulo, pero no hay disimulo posible. Refunfuñando, se saca la camiseta.

—Tú lo que quieres es tenerme desnudo encima de la lavadora, Sam. Has visto muchas películas —comenta con el tono de voz más bajo que le sale y mirada rapiña.

Su hermano cierra la puerta de la máquina y la pone en marcha, mientras él se gira al estilo del guapo de la peli y se dispone a salir de allí y dejar a Sam con sus quehaceres. Por tiquismiquis. Por listo. Por mandón. Por…

—Correcto, joder.

No sabe cómo, pero de repente ya no está andando. Está apoyado contra el regazo de Sam, que a su vez está apoyado sobre la lavadora en funcionamiento. Lo sabe porque la polla dura de su hermano está «vibrando» contra su culo y convirtiéndolo en mantequilla.

Los labios de Sam arden contra su nuca mientras le envuelve con sus brazos enormes y le desabrocha la bragueta. Dean no ha visto esta película, pero quiere aprendérsela de memoria. Está en silencio, respirando fuerte, porque desde que la mano de su hermano se ha colado en sus pantalones, su cerebro ha desconectado y, mierda, no se le ocurre ninguna réplica graciosa. No se le ocurre otra cosa más que, «más, Sam, más. Más rápido, más fuerte». Sam no le da tregua y seguro que es por eso.

Mete las manos entre sus cuerpos y su hermano le pilla al instante: se incorpora un poco, lo justo para bajar los pantalones, y cuando vuelven a apoyarse, Dean tiene la polla incandescente de Sam entre sus glúteos, y los besos en su nuca se convierten en jadeos. Podría morir así. Sobre una lavadora sin haber llegado siquiera a la segunda base. Se pregunta si valdría sólo con lo que está saliendo de la punta de la polla de Sam, porque ni de coña va a ir hasta su habitación a buscar el lubricante ahora mismo. Sam empuja contra él, aprieta la mano sobre él, y Dean se muerde el puño…

—Hola.

…y maldice. Maldice como un loco, maldice el momento en que el búnker se ha convertido en la casa de acogida de todo el mundo. Se sube la bragueta de un tirón sin apartarse de delante de Sam, que probablemente esté del color de las amapolas en primavera. Aunque lo escucha reírse, al muy capullo.

—Cas… —Intenta moderar el tono. Está muy… MUY frustrado en ese momento y probablemente su amigo, el angelito, no sepa siquiera por qué—. ¿No sabes llamar a la puerta?

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I don’t fucking care (fic, coda 13×3)

Dean cerró la puerta de su habitación a su espalda. No un portazo, aunque tenía ganas de hacerlo. Pero estaba cansado —exhausto, en realidad— y olía a rayos. A muerte.

La muerte de Missouri Mooseley, concretamente.

Un chasqueo de disgusto en la boca y dejó caer su petate al suelo. Luego miró a su alrededor, como si no supiera bien qué hacer. Como si estuviera perdido. Perdido en su propia habitación. Tenía gracia. Ya nada era como solía ser. Dean siempre había sido un tipo decidido, alguien que siempre sabía qué hacer. No le temblaba el pulso en situaciones difíciles. Llevaba toda su vida metido en la caza y siempre había sabido a quién matar. Sin embargo, el negocio familiar había cambiado y, al parecer, ahora morían los buenos y había que mantener con vida a los malos.

Necesitaba una ducha urgentemente.

No podía creer lo que le había dicho Sam ahí fuera.

Lo que se habían dicho.

No podía creer que ambos hubieran mencionado todo aquello —enterrado bajo toneladas de lodo, como estaba— en voz alta.

Necesitaba una ducha urgentemente. Olía a muerto. A todos los muertos que llevaba sobre la espalda. Se quitó la camiseta y se desabrochó la bragueta de un tirón mientras se encaminaba hacia su cuarto de aseo ensuite, añorando lo fácil que resultaba todo cuando vivían en moteles de mala muerte y Dean sabía que lo que hacían su hermano y él tenía algún sentido. Matar a los malos, salvar a los buenos.

No había podido salvar a Kelly. Ni a Cas. Ni a su madre. Ni siquiera a la rata de cloaca que era Crowley. Todo era un puto desastre.

Bajo el chorro de agua ardiendo se permitió temblar. Necesitaba perderse en alcohol y sexo. Cerró los ojos con fuerza.

Tenía que salir ahí y pedirle perdón a su hermano.

Había sido Sam el que había sacado el tema, pero no debería haberle gritado así. No era el señor control, últimamente. Y además, Sam le había dejado helado. Le había echado en cara todo lo que había pasado cuando era él el que utilizaba sus poderes. Dean sabía muy bien lo que era aquella parte de sus vidas para los dos. Un abismo negro y aterrador al que nunca se asomaban. Dean sabía lo que le dolía a Sam y también sabía lo que le dolió a él. Dejó de enjabonarse y se abandonó bajo el agua con los ojos cerrados, tratando de controlar el temblor.

Últimamente no controlaba una mierda, pero en cuanto los estremecimientos pasaron y se sintió en posesión de sí mismo otra vez, salió de la ducha con la intención clara en su mente de ir a buscar a su hermano.

Dos golpes sonaron contra la puerta de su habitación en cuanto se hubo puesto el pantalón que utilizaba para dormir.

—Adelante.

La puerta se abrió y el rostro de Sam asomó por la abertura.

—¿Puedo pasar? —La voz baja, sin rastro del tono acusatorio que había empleado antes.

—Claro.

Sam entró en el cuarto y de repente, todo parecía más pequeño, menos importante. Su hermano tenía aspecto de no haber dormido mucho más que él durante su ausencia, pero su mirada era clara, casi transparente, como siempre. Por un momento Dean lo dejó salir en su pecho. El recuerdo fluyó por grietas que llevaban más de nueve años selladas —meros parches para poder seguir viviendo— y un Sam mucho más joven se superpuso al que tenía enfrente. Un Sam asustado por terroríficas visiones de muerte. Un Sam empeñado en una carrera contrarreloj por salvarle a cualquier precio. Un Sam descompuesto que trataba de hacer lo correcto mientras bebía sangre y utilizaba poderes demoníacos para obtener venganza. Recordó el momento de la separación y tuvo que parar.

Tenía a Sam delante —a todos esos Sam, en realidad—. Al Sam que había sido siempre, el que creció a su sombra y al que Dean siempre admiró de una forma u otra. Al único Sam.

¿Cómo podía hacerle entender que Dean confiaba en él pero no en el crío? ¿Que Sam siempre sería la excepción? Su hermano no podía siquiera intentar que él lo viera de la misma forma.

La cama se hundió bajo el peso de Sam a su lado. Y Dean quería fundirse con él. Lo necesitaba, en realidad.

—Oye, Sam, lo que…

—Me ha dicho Jody que has hecho campaña de las bondades de la vida normal.

Dean ni siquiera podía sonreír, pero resopló algo parecido a una risa. Sabía lo que debía estar pensando Sam, después de todas las veces que él lo había intentado.

—Era una cría, Sammy. No vale la pena meterla en esto.

Pero su hermano no le hizo caso. En cambio, bajó la voz todavía más.

—¿Quieres hacerlo? ¿Quieres salir?

Los ojos transparentes de Sam, clavados en los suyos, fueron los que impidieron que Dean bufara otra risa.

—Qué estás diciendo…

—Lo que oyes.

—Estás de broma, ¿no? Tú deberías saberlo mejor que nadie, Sam, que esto es p…

—Porque si quieres salirte, yo estoy contigo.

Sin palabras. Dean se quedó en el sitio, el ceño fruncido y perdido en aquella mirada que era su ancla, tratando de comprender qué era lo que acaba de oír. Hasta que Sam tomó aire, una respiración temblorosa, rompiendo el momento. Dean apartó la mirada y negó.

—Qué dices. Tenemos entre manos algo que no es un adolescente, sino una bomba de relojería capaz de destruir varias dimensiones —murmuró y sus palabras se diluyeron en el silencio.

—Créeme, lo sé.

—Entonces qué estás diciendo.

Sam se movió. Se acuclilló frente a él, hasta que sus rostros estuvieron a la misma altura, hasta que hizo que lo mirase de nuevo.

—Dímelo tú. Nunca te das por vencido, pero lo has hecho con mamá. Y con Cas. Con Jack. —Apoyó las manos sobre sus rodillas—. Siento lo que te he dicho ahí fuera, pero es que… no lo entiendo. —Y le miraba, buscando esas respuestas—. He crecido contigo. Te conozco. Y me asusta verte así.

Dean soltó el aire que constreñía sus pulmones y dejó caer la cabeza, la frente contra la de Sam, los ojos cerrados.

Él tampoco entendía por qué Sam seguía identificándose con… monstruos.

Y estaba aterrado.

Se agarró a él, los brazos sobre sus hombros, y a todo lo que sentía cuando estaban así. Quizá no en la misma página, pero él quería estarlo. El rostro de Sam estaba muy cerca cuando abrió de nuevo los ojos.

—No quiero salirme.

Los milímetros se deshicieron y los labios de Sam estaban sobre los suyos —o los suyos sobre los de Sam, qué más daba—. Dean le cogió la cara y el mundo desapareció, emborronado, lento, en la boca de su hermano. Piel y humedad, y calor. Paró un segundo y mantuvo los ojos cerrados, habló sobre él. Sin querer.

—No soporto que me eches en cara que no te matase.

Sam no le dejó terminar. Gruñó contra su boca, apretando las manos sobre sus muslos, callándole con un beso. Diluyendo pensamientos —Sam había estado dispuesto a morir tantas veces a lo largo de su vida— hasta fundirlo todo. Cuando el beso terminó, Sam negó levemente con la cabeza. «No hables de eso». «No te lo echo en cara». A Dean le servía cualquiera de las dos.

—Ya hemos pasado por esto, Dean. Y salimos adelante.

Sí. Pero Dean no quería pasar por eso otra vez. No podía pasar por eso otra vez.

Te necesito. Conmigo.

Tiró de Sam y Sam, con toda su envergadura, se movió sobre él con la sinuosidad de un tigre, hasta que estuvieron los dos tendidos sobre la cama, enredándose con piernas, brazos y lengua. No importaba lo lejos que estuvieran, en esto siempre se entendían. Era como el fluir de la lava de un volcán: buscando caminos, a veces lentos, a veces rápidos, siempre abrasándolo todo a su paso. Sam sabía cuándo Dean necesitaba dejarse hacer y olvidarse del mundo. Un tubo de lubricante a su lado, la ropa fuera y buscando piel, piel, piel ardiente, y humedad en las bocas y en las puntas. Buscando mojarse del todo, zambullirse y olvidarse de un mundo que nunca les trataba bien.

Una hora y media más tarde, Sam dormitaba desnudo a su espalda y Dean miraba a través de la negrura como si pudiera ver los ladrillos de la pared que tenía enfrente. De toda la maraña que ocupaba su mente en los últimos tiempos, se había ido desprendiendo una idea, como si sus pensamientos hubieran sufrido un proceso de destilación y sólo uno hubiera caído. Una gota, plop, y un seísmo de seis coma nueve entre sus costillas.

—Sam… —Tanteó. Con las esperanza de que estuviera dormido.

Pero Sam hizo un ruido, un mmmfffmm ronco y desgastado cerca de la parte superior de su espalda.

—El crío… no te importa. ¿Verdad? —Sólo quieres utilizarlo. Dime que sólo quieres utilizarlo.

Sam, de repente, estaba mucho más despierto. Dean no podía explicar cómo lo sabía, igual que, cuando Sam apoyó la frente entre sus dos omoplatos, supo que esa era su respuesta. La única que podía darle.

Y él no quería pensar en todas las posibles consecuencias.

Porque Dean tenía claro que, un sólo movimiento en la dirección equivocada del chaval, y él iba a matarlo.